CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO, “Dominica Rorate”.
Hemos llegado sin darnos cuenta al último Domingo de Adviento. Esta semana será corta: el miércoles es 24 y el jueves, Navidad…, pero aún hay tiempo para “preparar el camino al Señor”, todavía es tiempo de conversión. No desaprovechemos este tiempo. Lo que nos lastra y nos impide subir hasta el Dios-hombre, puede dejarse en un momento con su gracia.
El Dios-hombre es el “Dios con nosotros”, hueso de nuestros huesos, carne de nuestra carne. ¡Qué extraordinario!: Dios se hace hombre. Entonces, ser hombre, mujer, es la cosa más maravillosa que se puede ser.
El Evangelio de hoy nos narra el nacimiento de Jesús a través de la historia de San José. Ante la perspectiva del embarazo de su novia, María (de la que se fiaba absolutamente), José no sabe cómo actuar, cómo situarse, ante ese Misterio. Sufre y se siente indigno. Entonces decide repudiar a su novia y echarse él la culpa de todo.
Bien sabía el bueno de José que se condenaba a sí mismo al desprecio de todos, que ya nadie firmaría con él un “contrato de bodas” para su hija, que se quedaría solo para toda su vida… (a los ojos de la gente, él habría engañado a una jovencita ingenua y después no quería asumir su responsabilidad. Eso es lo que significan las palabras: “decidió repudiarla en secreto”, y no otra cosa). Pero Dios le reveló otra misión más importante que la deseada por él.
Si el Dios todopoderoso tomaba carne en el seno virginal de María, él tendría que ayudar al Niño Dios, darle su nombre legal y proteger al Niño y a su Madre. Dios le cambió los planes de su vida y San José aceptó con obediencia, prontitud y humildad.
No es extraño, pues, que San José sea coprotagonista indispensable en el misterio de la Navidad: así lo quiso Dios mismo. Por eso no es extraño que sea el Patrono Universal de la Iglesia, la Familia, ampliada, de Dios. Hoy es un día excelente para recordar y venerar a San José, para que él nos conduzca de su mano al misterio de la Navidad.
Pronto viene el Señor. Aprovechemos las horas que nos faltan para su llegada mejorando nuestros “caminos”. Recuperemos nuestra paz, avivemos nuestra esperanza, preparemos nuestro corazón para asistir al mayor milagro que se ha producido en la historia de la humanidad: Dios se hace hombre, para que el hombre pueda ser hijo de Dios.


