DOMINGO DE RAMOS
Jesús entra triunfante en la Ciudad Santa, pero Él no se engaña. A estas alturas de su vida y ministerio mesiánico sabe que reinará sobre la cruz. Este pueblo que ahora le aclama lo abandonará y lo conducirá al calvario.
Las Palmas se volverán azotes; los ramos de olivo, se convertirán en espinas; las alabanzas, en burlas y desprecios. El Señor vencerá en la cruz: vence y se convierte en nuestra paz. Y yo, ¿con qué fe contemplo estos acontecimientos que la Iglesia nos presenta para meditar? Deberíamos tener, en esta Semana Santa que comienza, el oído, todos los sentidos, atentos a la voz de Dios.
Jesús es rey, pero cómo es su reinado? Qué esperaban aquellos que lo aclamaron como hijo de David y qué espero yo? Aquellos cambiaron su ovación en grito a Pilato: “Crucifícalo!”
Los mismos discípulos lo abandonaron y se mantuvieron en silencio: qué desconcierto les provocó este reinado desde la humildad y el anonadamiento! ¿Cuál es nuestra idea de Jesús?, ¿Cuál es nuestro modelo de rey?, ¿qué pensamos sobre su poder desde el amor?
Muchas veces quisiéramos que Dios triunfara inmediatamente, realizando nuestros planes en vez de los suyos. Decía el Papa Francisco: “el Corazón de Cristo está en otro camino, en el camino santo que sólo Él y el Padre conocen… Él sabe que para lograr el verdadero triunfo debe dejar espacio a Dios”, que hace nuevas todas las cosas a través del amor del amor del Hijo al Padre, llegando incluso “hasta la muerte, y una muerte de cruz”.
De este modo reina el Señor.

