DOMINGO DEL BAUTISMO DEL SEÑOR
Celebramos este domingo 11 de enero el Bautismo del Señor con el que se inicia el Tiempo Ordinario. Por el Bautismo, Cristo se hace presente en nuestras vidas, para atraer a la fe y al amor a quienes no saben de su misericordia y su amor.
Juan predicaba un bautismo de penitencia, una disposición interior que debía explicitarse en una conversión, en un cambio de vida que preparase la llegada de los tiempos mesiánicos. Jesús acude entre la gente, como uno más. Esta acción profética no es entendida por Juan y le desconcierta. Pero Jesús desea manifestar así su acatamiento incondicional a la voluntad del Padre. El sentido profundo de lo que ahora comienza a vislumbrarse se manifestará sólo al final de la vida terrena de Jesús, es decir, en su muerte y resurrección.
Al salir de las aguas del Jordán, Jesús comienza su “vida pública”. Moisés había muerto sin cruzar ese río, ahora Jesús comienza allí su misión y lleva a plenitud lo que aquel empezó: llevar al hombre a la verdadera Tierra Prometida, llevar a la humanidad a participar de la Vida divina.
Las palabras que se escuchan desde el cielo, “este es mi Hijo, mi predilecto, en Quien me complazco”, hacen referencia al sacrificio de Isaac (“toma a tu hijo, el amado”) en la que Abraham está dispuesto a sacrificarlo… En el Calvario Dios Padre sacrificará (esta vez, sí!) a su Hijo, que lo acepta voluntariamente, para la redención del género humano. El que “complace” a Dios es el Siervo del Señor que habrá de padecer para redimir al hombre (“por sus heridas hemos sido curados”).
Con la llegada del “tiempo ordinario para el año”, se nos abre un tiempo “normal”, de camino corriente, tras las celebraciones de Navidad.
Es tiempo de espera y de conversión. Realmente, todos los tiempos y momentos sirven para nuestra conversión. Acompañemos a Jesús y dejémonos evangelizar por Él.

