Luz y sal son las metáforas que Jesús emplea en el Evangelio de hoy para referirse a sus discípulos. Como Él es la luz del mundo, así nosotros debemos ser luz del mundo.

Isaías nos ha dicho como ser esta luz divina: “parte tu pan con el hambriento, hospeda al pobre sin techo, viste al desnudo… (…) cuando destierres la opresión, la maledicencia, el gesto amenazante… Este es el camino para ser luz y sal del mundo. No debemos olvidar que el amar se demuestra en el dar. Y para que este dar sea completo, hay que dar nuestra empatía; colocarse en la posición del otro; juzgar con benevolencia; saber disculpar, disimular, callar; desterrar la maledicencia, las murmuraciones, los comentarios sin amor.

Por supuesto que todo esto no es fácil. Pero hemos de alumbrar y dar sabor no porque esperemos que se va a conseguir un fruto, sino porque creemos en lo que hacemos. La utilidad, la eficacia, el fruto no pueden ser el baremo más motivante de nuestro ser y actuar.

No tenemos derecho a pedir a Dios que cambie el mundo si no estamos nosotros dispuestos a dejarnos quemar para iluminar o a disolvernos para dar sabor. Un hombre con verdadera fe en sus ideas las predicará aun sin hablar.
Los cristianos sólo podremos ser luminarias si estamos unidos a Jesús. Es muy difícil, más aún, imposible, que los cristianos podamos ser luz en medio de la oscuridad o sal en medio de la insipidez si no permanecemos en comunión plena con Él.


Hoy celebramos también el Domingo de Manos Unidas – Campaña contra el Hambre. Este año bajo el lema: “DECLARA LA GUERRA AL HAMBRE», construyamos la paz desde la dignidad”. Se nos convoca a declarar -esta vez, sí!- una guerra santa. Se nos pide nuestra oración por los que pasan necesidad y por los que les ayudan. Se nos pide nuestra colaboración económica para emprender proyectos que eliminen tantas manifestaciones de hambre.


Dios, nuestro Padre, no se cansa de recordarnos lo único que Él quiere de nosotros: que nos portemos como hermanos para que el mundo crea que nuestra fe es verdadera. Seamos, pues, luz y sal de cariño y amor para todos. Entonces el mundo entero será luz de mediodía y tendrá sabor de eternidad.