Domingo, 28 de junio de 2026.

Las lecturas de este Domingo nos van a indicar qué significa ser y llamarse discípulo de Jesús. No se trata fundamentalmente en saber muchas cosas de Cristo, el Evangelio de memoria, ni en saberse de memoria muchas oraciones o el catecismo entero, sino en vivir de una determinada manera. En vivir al estilo de Jesús. En los buenos y en los malos momentos.

El seguimiento supone morir a sí mismo y entrar por el camino de la entrega y el servicio, como hizo el mismo Jesús. Él siempre fue fiel a la voluntad divina.

Las palabras que Jesús hoy nos dirige pueden resultar desconcertantes en un primer momento: eso de “dejad que los muertos entierren a sus muertos”.

Cuando Jesús dice que “quien ama a su padre o a su madre más que a Él no es digno de Él”, parece que nos coloca ante una elección dolorosa entre Dios y la familia.

En realidad, el Señor no descalifica los afectos humanos, no nos invita a despreciar los vínculos familiares ni a cuestionar el valor de estos, sino que lo que hace es señalar el lugar que Dios debe ocupar en la vida del creyente. Es más, situar el amor a Dios como centro y fuente no nos aleja del amor humano ni de los vínculos naturales, sino al contrario los purifica y enaltece. La invitación no es a no amar, sino más bien a tener claras nuestras prioridades, como dice el primer mandamiento de la Ley de Dios. “amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”. Por eso, no habla Jesús de no amar a nuestra familia, a nuestros padres, a nuestros hijos, sino de que ese amor humano no nos aleje del amor De Dios. Cuando en el centro del corazón se coloca a Dios, se aprende a amar mejor a las personas que nos rodean. Pero si una realidad humana toma el lugar que le corresponde a Dios, incluso algo bueno puede convertirse en un obstáculo para la verdadera libertad interior.

Jesús prosigue diciendo que quien no toma su cruz y le sigue no es digno de Él. Esto implica una fidelidad que permanece firme aun cuando seguir el Evangelio suponga un sacrificio. Todos los discípulos se encuentran en su camino renuncias, incomprensiones, sacrificios y decisiones difíciles. La cruz se encuentra allí donde el amor exige perseverancia y entrega. Es el crisol de la verdadera fidelidad.

A continuación, Jesús pronuncia una de esas paradojas que le son tan características: «El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará.» La lógica del mundo habla del tener: dinero, poder, fama…, como claves de la felicidad; sin embargo, la experiencia cristiana enseña que la vida se encuentra cuando se entrega. Quien se encierra en sí mismo termina empobreciéndose; quien está dispuesto a darse a los otros encuentra una alegría más profunda y duradera. El dar y el darse es el camino de la felicidad. La posibilidad de todo esto radica en el amor. Dios nos amó primero y hemos de responder amando.

La parte final de Evangelio nos habla de la acogida, de ser acogedores .Recibir a un profeta, a un justo, a uno de sus pequeños discípulos equivale a recibirlo a Él mismo. Así, el Señor se identifica con aquellos a quienes envía en su nombre y, de algún modo, con todas aquellas personas que son acogidas y acompañadas. En la mayoría de las ocasiones no se trata de hechos extraordinarios, sino de gestos sencillos, cotidianos, cercanos. Sin embargo, Jesús asegura que incluso esto no quedará sin recompensa. Nos recuerda que el Reino de Dios crece muchas veces a partir de gestos humildes, escondidos, cotidianos que el mundo apenas percibe, pero que para Dios tienen un enorme valor, porque Él los ve con sus ojos de Padre.

Podríamos hacernos algunas preguntas, para terminar.

  • ¿Qué lugar ocupa realmente Jesucristo en mis decisiones, proyectos y relaciones?
  • ¿Hay alguna realidad, persona, interés que esté ocupando el centro que le corresponde a Dios?
  • ¿Cómo vivo las cruces cotidianas que se presentan en mi camino?
  • ¿Busco conservar la vida para mí mismo o aprendo a entregarla por amor?
  • ¿Soy una persona acogedora con aquellas personas que Dios pone a mi lado?
  • ¿Qué “vaso de agua fresca” puedo ofrecer hoy?