DOMINGO XXV DEL TIEMPO PER ANNUM.
El Evangelio de hoy expone una de las “parábolas del Reino”, es decir pronunciada especialmente para el pueblo de Israel, llamado a trabajar en la viña del Señor desde el principio, desde “el amanecer”.
Pero lo novedoso es que el Dueño de la viña va llamando a otros trabajadores/pueblos a trabajar en su viña. Entonces surge la pregunta: ¿su trabajo podía ser tan reconocido como el de los de la “primera hora”? Esta parábola refrendaba la tesis de Pablo de que aquellos que no tenían la “tradición judía” tenían las puertas abiertas del Reino, pertenecerían a él con los mismos derechos y beneficios –salario- que los judíos.
Los trabajadores que se quejan al dueño por ser injusto abogaban por una justicia que estaba al margen de la misericordia. Pensaban que la Misericordia divina era exclusiva para ellos. Hacen a Dios a su imagen. Se habían olvidado de que el salario verdadero era trabajar en la Viña del Señor, tenerlo a Él como patrón. Pero, “gracias a Dios”, los planes de Dios, sus caminos, como dice Isaías en la primera lectura, no son como los nuestros. Y no son como los nuestros porque Dios da más de lo que merecemos, como aparece en el texto del evangelio.
A todos nosotros nos ha llegado la generosidad desbordante de Dios, por lo que es farisaico molestarse porque esa generosidad llega a otros. Mejor que protestar por la generosidad de Dios ante el hermano y dejarnos llevar por la envidia, debemos imitar su manera generosa de actuar, tratar de que nuestros planes se acomoden cada vez más a los suyos. Eso es la justicia verdadera, que no es otra sino la misericordia entrañable.
Lo que quiere Dios es que se responda a su llamada. Para Él no hay “últimos” ni “primeros”, sino respuesta pronta y fiel, disposición a realizar el trabajo que nos pide.
Ciertamente, los planes de Dios no son nuestros planes; sus “caminos son más altos que los nuestros”. Hemos de esforzarnos en hacer nuestra esa visión de Dios. San Pablo decía que teníamos que captar la mente de Cristo, pensar como Él pensó en su tiempo histórico, tal como nos lo relatan los evangelios. Y el evangelio de este domingo descubre ese pensamiento de Jesús de Nazaret, que supera la pequeñez del nuestro.

