En el Evangelio hemos escuchado los mensajes más importantes y alegres que el hombre hubiera deseado nunca: ¡Ha aparecido la gracia de Dios!, ¡Nos ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor! Una gran alegría para todo el pueblo! En Jesús, Dios mismo se ha hecho uno de los nuestros, frágil, vulnerable, cercano.

Pero, ¿es verdad todo eso? ¿Es verdad que el Sol que nace de lo alto nos ha visitado? O seguimos ¿dos mil años después viviendo en tinieblas y sombras de muerte? Porque basta asomarse a la ventana electrónica: injusticia, violencia, pobreza, guerra, opresión; y en menor escala nuestros dramas personales: dolores, frustraciones, traumas. ¿Es verdad la Navidad De Dios?

Sin embargo, hemos de entender bien el mensaje de la Navidad. “El pueblo que caminaba en tinieblas vio una Luz grande”. Para nada se dice que ya no habrá tinieblas, sino que con la Luz aparecida ya tenemos un referente que nos marca el rumbo, el camino para salir del extravío y dirigirnos a la meta.

Jesucristo hecho niño pasible es esa Luz grande, capaz de iluminar a todo el mundo, a toda la historia. El modo de aparecer esta Luz no es deslumbrante ni cegador: esta Luz está encerrada en la humanidad de un recién nacido. Si Dios mismo adopta la humanidad y se hace hombre en Jesús, es que ser hombre no es algo insignificante, ni un simple producto biológico, sino alguien dotado de suma importancia: ¡le importamos a Dios! Cada uno de nosotros vale más que todo el universo sin nosotros!

Cierto es que para aceptar esto se requiere fe. Para vivir envuelto en oscuridad y caminar en pos de la Luz, más que abrir los ojos, hay que creer y confiar en Dios. Creer en Dios no es andar a ciegas, sino ir en pos de la Luz.
Realmente, de las tinieblas de nuestra historia somos responsables nosotros y no Dios. La historia y el mundo son nuestra responsabilidad, y Dios se ha comprometido con nuestra libertad. Pero Dios viene a estar con nosotros y a ofrecernos su Luz guiadora.

También de nosotros depende acogerlo o rechazarlo. ¿Le negaremos sitio en nuestra “posada”?, “la Luz verdadera que con su venida ilumina a todo hombre vino a los suyos, pero los suyos no la recibieron “? Sin embargo, “a cuantos la recibieron… les dio el poder de ser hijos De Dios”. Los primeros fueron los pastores, los “hombres de buena voluntad”, los que se ponen en camino, los que son capaces de caminar en la oscuridad porque reconocen la Luz.

Dios nos ha dado la Luz de Belén en Jesucristo. Qué el mal -en cualquier forma- no nos impida ir a adorarlo, caminar en su seguimiento, haciendo de su palabra la Luz que ilumina la oscuridad. Con esta Luz en nuestro corazón podemos convertirnos en pequeñas luminarias para alumbrar a los demás, para dar esperanza y ayudar a otros a caminar en pos de la Luz verdadera.