En este Domingo se nos presenta el relato de las Tentaciones de Jesús en el desierto. Somos tentados, pero podemos vencer las tentaciones.
Recibimos tres invitaciones en las respuestas de Jesús al tentador:

  • “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca De Dios”. Nos propone la Palabra como verdadero alimento de vida: la verdad de Dios en su Palabra vertebrará nuestra vida personal.
    Debemos empatizar con el hermano necesitado… Pero la solución no es el milagro fácil. No basta con dar pan, sino exigir comprometidamente que no haya “hambrientos”.
  • “No tentarás al Señor, tu Dios”. Jesús rehúye de un mesianismo triunfalista. Él ha venido a servir Por eso, nuestra filiación divina es fecunda cuando servimos, no cuando somos servidos.
    Hemos de huir de toda vanidad, empoderamiento, señorío. La gloria pasa por el servicio, la abnegación, la cruz.
  • “Al Señor, tu Dios, adorarás y a Él solo darás culto”. Muchos “dioses” se alzan ante nosotros reclamando su adoración, pero el sitio único de nuestro culto es para el Señor. Él es el único que salva, que pone paz en nuestro corazón, que nos da la Vida eterna.
    La Iglesia no es poder, sino fermento de masa, levadura en el mundo.
    Jesucristo es Buena Noticia para el hombre. El Hombre Perfecto es el perfecto hombre: Cristo es el ideal humano conseguido, la meta anhelada y anticipada, el fundamento de nuestra esperanza, el estímulo para nuestro compromiso.
    El Cristo vencedor en las tentaciones es el Nuevo Adán. El viejo Adán cae en las tentaciones, el Nuevo está lleno del Espíritu Santo y se deja guiar por Él. Adán duda y desobedece, Jesús escucha y obedece, y por eso vence. Si queremos dejar de ser “hijos de la vejez” y ser verdaderos hijos de Dios, “hombres nuevos”, miremos a Cristo e identifiquemos con Él.