Santo Cristo Varón de Dolores de la Divina Misericordia
Nuestra Señora del Sol, San Juan Evangelista y Santa María Magdalena

Ayer, Sábado Santo, Sevilla volvió a detener el pulso para contemplar el Misterio profundo de la muerte redentora de Cristo y el dolor inconsolable de su Madre, acompañados por los hermanos y devotos de la Hermandad del Sol, que un año más abrieron la jornada desde su Capilla en la Parroquia de San Diego de Alcalá, en el corazón del barrio del Plantinar.

A las 12:45 h, la Cruz de Guía se alzó sobre el silencio del mediodía, iniciando un camino que es rito, memoria y fe. Un cortejo que, como cada año, llevó consigo el eco antiguo de la Pasión: el Santo Cristo Varón de Dolores de la Divina Misericordia, icono singular de silencio y hondura espiritual, y Nuestra Señora del Sol, Madre herida, que en su pena ilumina la esperanza de la Resurrección.

El recorrido condujo a la hermandad desde su barrio El Plantinar hasta la Santa Iglesia Catedral, donde realizaron estación de penitencia siguiendo los horarios oficiales, entrando alrededor de las 18:21 h y saliendo posteriormente para emprender el camino de regreso.

Tras una jornada de penitencia vivida entre el respeto, la oración y la emoción contenida del pueblo sevillano, la cofradía regresó a su templo alrededor de las 22:00 h, poniendo fin a un día marcado por el duelo santo de Cristo y la fidelidad silenciosa de su Madre.

En este Sábado Santo, la Hermandad del Sol volvió a proclamar que la muerte no es el final, que incluso en el ocaso más oscuro late una promesa de amanecer.

Bajo el cielo de Sevilla, la Virgen del Sol caminó entre sus hijos como Madre del Dolor… y también como Señora de la Esperanza que vive!