TERCER DOMINGO DE ADVIENTO, “Gaudete!” ![]()
Este tercer Domingo de Adviento, la liturgia nos invita a la alegría y la esperanza. Por eso la antífona de hoy: “Alegraos siempre en el Señor…”. Y es que el Señor está cerca.
Tres invitaciones nos hace hoy la Palabra: a una fe madura, a la alegría y a la paciencia.
Jesús nos ha dicho: “dichoso el que no se escandaliza de Mí”. Aunque ha hecho muchos milagros y sólo Él tiene palabras de Vida eterna, no es el Mesías caudillo, político y militar. Incluso va a morir en una cruz… Nosotros no podemos imponerle a Dios qué tiene que hacer ni cuándo.
El mayor signo de su cercanía y amor ha sido justamente su propia muerte, la libre entrega de su vida como precio de nuestro rescate. Por otra parte, Jesús es la Palabra de Dios hecha hombre, el Hijo mismo de Dios que asume nuestra condición humana. Por último, la humanidad de Cristo implica un “abajamiento”, un hacerse nada de Dios, dejando invisible su ser propio. Cuando creemos que lo conocemos, nos encontramos todavía ante un desconocido… En un sentido muy real, percibo a Dios que se revela, pero lo percibo de tal manera que no estoy dispensado de creer que se revela.
Una segunda invitación a la alegría. Como hemos rezado en la Oración Colecta: la Navidad, fiesta de gozo y salvación, está cerca. Incluso le pedimos a Dios que nos conceda celebrarla con alegría desbordante.
Y una tercera invitación es la llamada a la paciencia: no somos nosotros quiénes para señalarle a Dios qué tiene ni cuándo lo tiene que hacer. Quizás nos gustaría que desaparecieran pruebas personales por las que hemos de pasar, o quizás que cayeran muros que impiden el avance de la fe en nuestra sociedad, o quizás otra cuestión importante a nuestro parecer… Pero sólo Dios es el Señor de la historia; suyo es el tiempo y la eternidad.

